Hace una década que corro la San Silvestre. Es una forma como cualquier otra de acabar el año con alegría. Además, así me tomo la cena de nochevieja con menos pesar de corazón.
Unos años he ido con amigos del barrio, otros solo (si es que puede uno considerarse solo rodeado de un par de decenas de miles de personas) pero siempre con mucha ilusión. Acabar el año deportivamente es algo que me gusta.
Este año estaba constipado (después de unos días en la montaña palentina rodeado de nieves) pero aun así no podía faltar. El ambiente es siempre espectacular. La gente se disfraza y es más una fiesta que una carrera en sí. Hay que estar allí para entenderlo completamente. !Os animo para que vengáis a la próxima!
En esto de las montañas no deja uno de llevarse agradables sorpresas. ¡Toda la vida yendo a los Picos de Europa y no conocer las montañas de Palencia! Para mí ha sido un agradable descubrimiento por las inmensas posibilidades que tienen y la gran belleza que poseeen.
Hemos estado unos días en el pueblo de Tremaya, cerca de Cervera de Pisuerga, y hemos aprovechado para subir el Espigüete. Hacía muchos años que quería subir esta montaña, así como también el Curavacas, por lo que fui con mucha ilusión. Lástima que mi rodilla no tenga las mismas aspiraciones que yo.Elegimos como vía la canal que recorre la cara Norte del pico. Desafortunadamente la nieve no estaba en buenas condiciones. Conforme subíamos las zonas de nieve costra fueron convirtiéndose en nieve blanda cada vez más profunda. Tenemos que agradecer la huella abierta por una pareja de portugueses que, dicho sea de paso, bajaron exhaustos y sin conseguir la cima. Yo tampoco lo logré: tanta nieve blanda acabó con mi rodilla dolorida y decidí desistir. Pero Nacho, Kike, Rober, Pelo y Fernando sí que lo consiguieron.
Estuvimos escalando las cascadas de hielo que se forman debajo del refugio Zabala, en Peñalara (Madrid).
Esta zona siempre me trae buenos recuerdos de amigos de la juventud y de proezas que uno hizo cuando pensaba que las grandes montañas del mundo estaban únicamente permitidas para los grandes montañeros.
Aquí os dejo un pequeño video subiendo la cascada, que estaba bastante mal en lo que se refiere a hielo, sobre todo en su parte superior:
Yaquí podeis ver unas fotos gracias a la cortesía de mi amigo Carlos "Vegeta". Ya sabeis, las nuevas generaciones vienen golpeando fuerte.
Estuvimos en el valle de Asón. Esta zona presenta una enorme concentración de cavidades de gran desarrollo. Muchas de ellas están unidas, lo que permite realizar travesías subterraneas de gran nivel.
En este caso lo que pretendíamos era iniciar en la espeleología a dos amigas (Mar y Neli), por lo que elegimos una de las más bellas cavidades: la Coventosa. El plan era dirigirnos en primer lugar hacia el gran cañón con idea de llegar hasta el primer lago. Luego queríamos volver al pozo de entrada para dejar todos los aparatos y visitar la célebre sala de los fantasmas.
Ya conocíamos la sala de los fantasmas. El 6 de junio de 2006 la visitamos Antonio Cordero, Miquel Marmaña, Antonio Velázquez y yo mismo, acompañados por Michelle, que nos había esperado pacientemente el día anterior cuando realizamos la travesía Azpilicueta-Reñada. A pesar de las malas predicciones meteorológicas nos fuimos desde Madrid hasta el hermoso pueblo de La Gándara. Allí habíamos alquilado una casa rural.
El sábado amaneció frio, pero con buen tiempo. Así que nos pertrechamos y nos fuimos (ya con el mono puesto y todo) a la cueva. Entramos y nos dirigimos al pozo de entrada, previo al cual hay una instalación para montar un pasamanos que asegure el acceso a la cabecera. En ese momento salía un grupo guiado. El guia del grupo, cuando vio nuestros cabos de anclaje (estáticos y homologados) hizo uno de esos estériles comentarios sobre la necesidad de usar cabos de anclaje dinámicos (cuando todo el resto del sistema que utilizamos es estático). Suponemos que debe tener acciones de alguna empresa que los fabrique porque si nó no entendemos tanta cabezonería.
Descendimos el pozo que lleva a la galería desde donde avanzamos salvando un paso estrecho que da acceso a la instalación para descender hacia el Gran Cañón. Todo el camino está perfectamente equipado con pasamanos e instalaciones con cuerdas fijas. Desafortunadamente no pudimos pasar de la zona de marmitas al estar el nivel del agua excesivamente alto.
De vuelta nos dirigimos a la Sala de los Fantasmas donde hicimos una gran sesión de fotografía subterránea.
Me gustan las carreras populares. Hacen que entrene con objetivos cercanos. De hecho hace ya muchos años que corro la San Silvestre con el noble objetivo de que la cena de noche vieja no me cause pesar de corazón.
Así que le propuse a la gente con la que entreno (carrera continua fundamentalmente) que probasen a participar en una carrera de este tipo. Además, la distancia (10 Km) siempre me ha parecido ideal. No es demasiado larga como para lesionarse ni demasiado corta como para tener que ir esprintando con el corazón en la boca.
Almudena Muñoz se mostró interesada, así que para allá que nos fuimos.
Tengo que decir que nos costó llegar a la meta. Puede que se deba a mis treinta y diéz años recien cumplidos, aunque yo creo que se debe a mis no sé cuantos kilos de más.
A pesar de los pesares terminamos la carrera y nos sentimos muy, pero que muy satisfechos. Quedamos eternamente agradecidos a los que nos animaron desde las aceras.
¡La próxima será la San Silvestre! ¡Espero que se anime más gente!
Cristian, mi sobrino, me pidió hace tiempo que le llevara a alguna cueva. Y me pareció que la cueva de los moros (en la Muela de la Madera, Cuenca) podría ser una buena idea para un bautismo espeleológico. Ante todo tengo que agradecer a Juan Antonio Ruiz Ginés su desinteresada colaboración en esta mini-aventura.
Dicho y hecho. Juan Antonio y yo fuimos a Toledo a recoger a Cristian y luego marchamos camino del pueblo de las Majadas, en Cuenca. Hay que decir que casi toda la carretera está en obras. Cuando terminen será un autovía que reducirá notablemente el tiempo de viaje entre las dos capitales manchegas.
Una vez en la zona nos pertrechamos al estilo espeleólogo y nos metimos por la angosta entrada de la cueva, que es un laminador en rampa algo incómodo. Después se llega a una galería de cómoda sección que conduce hasta un tobogán resbaladizo que se puede equipar con una cuerda corta utilizando una columna (me lo apunto para la próxima vez). Tras superar el resbalacizo tobogán, que nos llevó un rato, se llega a un primer destrepe de 3 metros tras el cual la galería conduce hasta un recodo que antecede a otro destrepe de 2,5 metros. Luego la cavidad pierde su porte cómodo para convertirse en una gatera estrecha y embarrada.
Una vez visitada la rama Oeste de la cavidad retrocedimos hasta el tobogán resbaladizo. Unos metros antes de él hay una gatera con un molesto charco. Esta gatera es el acceso al sector Este de la cavidad. También es posible acceder por otra gatera superior que está seca, lo que es de agradecer. Aquí finalizó nuestra breve visita.
Ya en el exterior estuvimos charlando con gente del grupo de actividades de CCOO. Espero que coincidamos en más ocasiones (¡me apunto lo de los barrancos, amigos de CCOO!).
Espero que Cristian disfrutara de la cueva. Seguro que habrá muchas más.
Los Pirineos son una fuente inagotable de sorpresas. Si ya son bonitos en superficie, ofreciendonos multitud de actividades que realizar (escalada, alta montaña, descenso de barrancos, senderismo), todavía lo son más bajo tierra.
Este fin de semana me fui con Antonio Cordero, Miquel Marmaña y Antonio Velazquez con un ambicioso objetivo: realizar la travesía subterranea entrando por la sima T1 hasta la salida por la cueva de Santa Elena. Según la bibliografía esto suponía dos hora de aproximación, diez horas de travesía y media hora de regreso. Toda una prueba.
Dicho y hecho. Michelle nos acompañó hasta la entrada de la sima a la que llegamos en algo menos de una hora y tres cuartos salvando un desnivel, siempre ascendente, de casi 700 metros. Había algo de nieve llegando a la torca, pero nada importante. Una vez allí nos preparamos para entrar, comimos algo y ¡al tajo!
La travesía se divide en dos zonas claramente diferenciadas. Una primera con un fuerte desarrollo vertical donde se encadenan los pozos con meandros desfondados y pasamanos (alguno de ellos ascendentes) y que tiene, como punto culminante un pozo de 90 m que es preciso atravesar de un lado al otro, pues presenta un sifón en su fondo... Según la información de que disponíamos había instalado un pasamanos y una tirolina a los 30 m de descenso. Afortunadamente no fue preciso utilizar ninguno de los dos (de hecho la tirolina no estaba) ya que había una cuerdas fijas que permitían realizar un rápel guiado de un extremo del pozo al otro. Desde este punto otro pozo de 50 m nos situaba en el inicio de la segunda parte de la cavidad. Aquí aprovechamos para descansar y reponer fuerzas ya que invertimos ocho horas en bajar todos los pozos.
La segunda parte es horizontal. Suponíamos que allí el avance sería rápido, pero nada más lejos de la realidad. Un río recorre la galería, que obliga a realizar constantes escaladas y destrepes que, con el neopreno puesto, acaban con las energías de cualquiera (que lleve además ya ocho horas de actividad). Al final agradecíamos las zonas inundadas porque allí podíamos refrescarnos (de hecho nos bebimos medio río).
La zona horizontal termina en una pared equipada para ser ascendida (un pozo ascendente de 20 m) tras el cual aún no se termina la cueva. Y es que hasta el rabo todo es toro... Agotados tuvimos todavía que reptar por gateras, calarnos en un gran charco y atravesar dos estrecheces que, sin ser agobiantes, fueron la puntilla. Salimos a la obscuridad de la noche a las tres de la madrugada. Nos había llevado 13 horas recorrer la cavidad. Y todavía había que volver al coche. Afortunadamente el camino de regreso está perfectamente balizado con reflectantes, por lo que en cuarenta minutos estábamos en el coche donde Michelle nos preparó un té calentito. Yo, al menos, la estaré eternamente agradecido...
Sumando aproximaciones, descansos, cambios de ropa y retorno: 17 horas de actividad ininterrumpida. Y es que uno no sabe lo que es capaz de hacer hasta que no se lo propone.